8/3/06

Frustraciones [parte II]

Diego se dio una ducha rápida y salió corriendo de su casa. Llegó al coche y se dio cuenta que se había olvidado la cartera. "Esto de andar con prisas no es bueno...", pensó. Salió del coche cabizbajo y echó a andar apesadumbrado hacia la puerta de su casa.
Se llevó una sorpresa cuando se encontró a su madre en el umbral de la puerta con la cartera y las llaves de casa en la mano. "No te merezco como madre", sonrió y la besó efusivamente.
Le faltó poco para caerse cuando su pie tropezó contra una piedra del camino. "Sin priiiisas, sin priiisas", se repetía constantemente, pero el nerviosismo podía con él.

Como cada viernes, había quedado con sus colegas para cenar, pero llegó tan temprano que no había nadie todavía. Echó a andar calle arriba buscando un cafetería donde comprar tabaco. Entró en la primera que se encontró y se dirigió hacia la máquina. La camarera le echó un ojo de arriba a abajo y le sonrió. Cogió el tabaco y su cambio y salió de allí medio ruborizado intentando entender porque aquella chica lo miraba tan efusivamente. Esas cosas nunca le pasaban.
Cuando regresó sus amigos ya lo estaban esperando impacientes. No sabía como se arreglaba, pero siempre llegaba tarde a todos lados. Tenía la sensación de que un día sus colegas acabarían por pasar de él e ir a su bola. "Me lo tengo merecido", pensaba, pero no podía controlar la situación, era superior a él.

La cena transcurrió como muchas otras, risas y alcohol se mezclaron poco a poco y después de unos cuantos vaciles (a cargo de sus amigos) se fueron de allí. Para seguir su tradición de viernes noche, se dirigieron hasta el local de costumbre. "Jorge, lo de siempre!!", le gritaron al camarero, que ya los conocía. Les puso las bebidas delante y esperaron a las chicas. Pero Diego esperaba por ELLA. No sabía que tenía esa chica, pero cuando la tenía delante no podía apartar la vista de sus ojos. Lo tenía cautivado y, sin embargo, no quería reconocerlo por miedo a las burlas y gracias de sus amigos.

Todos los viernes sucedía lo mismo: llegaban, se saludaban, charlaban un rato y, cuando miraban a su alrededor, estaban solos. Sus amigos los dejaban apartados. Diego suponía que lo hacían adrede porque intuían algo, pero la verdad es que eran ellos mismos los que se iban alejando poco a poco del resto. Sin embargo, Diego estaba convencido de que Rita no quería nada con él, y cada día lo veía más y más complicado.
Una vez más, Diego y Rita acabaron en una esquinita del local hablando como tantas otras noches, conversaciones triviales que no tenían explicación alguna. Pero en un momento de despiste, Rita desapareció. Le preguntó al resto por ella y le señalaron la puerta. "¿Tan mal lo pasa conmigo que se va sin decir nada?", pensó Diego, siempre tan "positivo". Salió a la puerta, en un último intento por despedirse de ella, pero cuando la cruzó, el panorama no era el que se esperaba. Rita estaba apoyada contra la pared del edificio y tenía mala cara.

"¿Estás bien?", le preguntó. La miró a los ojos y la notó nerviosa.
"No, estoy un poco mareada", contestó ella. Sus ojos estaban empequeñecidos y realmente parecía mareada.
De pronto, Diego vio como ella cerraba los ojos y su cuerpo caía lentamente hacia él. Sin tiempo a reaccionar, se quedó bloqueado en el sitio y no supo que hacer. Sin embargo, antes de que sus bocas se rozaran apenas, Rita reaccionó y volvió a su posición original. "Ah, perdón, me he tropezado", le dijo, y sus mejillas se colorearon por un momento.
Diego le dedicó una sonrisa desconcertada. "No te preocupes, siéntate y te sentirás mejor". ¿Qué había pasado? No lo entendía. Parecía como si Rita estuviese a punto de besarlo y, sin embargo, parecía tan desorbitada esa idea que Diego se creía imbécil por pensar esas cosas.
La acompañó hasta un banquito y se sentaron, una vez más, alejados del resto del mundo.

"La próxima vez no se me escapa", se decía Diego una y otra vez, pero como siempre, una oportunidad más de acabar con aquella incertidumbre había pasado. ¿Habría próxima vez? No lo sabía, pero no podía apartar su vista de los ojos de Rita...

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Pregunta del día: ¿Es todo realmente tan complicado?
Frase del día: "Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria." - M. T. Cicerón
Canción del día: She Will Have Her Way - Neil Finn

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buff q estres!! Pq le sera tan dificil a Diego lanzarse, deberia hacerlo, por su bien y anda q la niña, tela.. pq tanto marearse no es normal xDD
A ver si a la 3ª va la vencida jeje
Besitos

Unknown dijo...

Esto.... sólo se marea una vez, pero bueno...

Yo dudo mucho que alguno de los dos se decida, aunque visto lo visto incluso puedo llegar a tener esperanzas, lo sabes tú mejor que yo ;)

Besiños, y suerte con lo de mañana!!

Anónimo dijo...

A ver a ver, el tito Markos le va a decir a Rita q se lance y a Diego q espabile. Y si no pasa na pues hay más gente en el mundo!!!
Rita y Diego no??? si,si ...
Os vigilo a las dos sin q lo sepais, batman a mi lado era un aficcionado de esconderse en la noche, jejeje.
Un beso de tu segundo hermano. Txao Cris.

Unknown dijo...

Qué nos vigilas a las dos?? Cómo si tuviesemos algo que esconder!!

Tranqui tito Markos, que nosotras nos portamos bien aunque no nos vigiles. Disfruta de tu vida y pasa de la nuestra, que es muy aburrida ;)

Besiños hermnano.

Anónimo dijo...

Q triste xD e q bem descritos dende um punto de vista e outro...Dios los cria y ellos se juntan...Pois tal qual, pq vamos...A verdade é q não me estranha q se titule 'frutraciones' a histôria pq tanto um coma outro, não tomam a iniciativa, eh? :P
Como la vida mimsa vaya...:P
Beijos!

Unknown dijo...

Si, é unha pena que non se den conta do que sinten o un polo outro... Creo que todos deberiamos levar un carteliño iluminado na fronte pra decir o que sentimos en cada momento, sería todo moito máis fácil.

Bikos